domingo, 9 de marzo de 2014

Libertad de expresión en Venezuela

Miles de personas luchan por sus convicciones y por la esperanza de convertir a Venezuela en un país democrático.

Cada día salen para luchar por la libre expresión donde la censura es el desayuno. Tanto estudiantes universitarios como ciudadanos de muchas nacionalidades salen a la calle como único medio para reclamar derechos fundamentales: A la vida, a conseguir comida sin hacer fila durante horas, a un trabajo digno, a la representatividad política y la libertad de pensamiento.

Son voces cuyos ecos han llegado a miles de kilómetros, que unidas claman en contra de un presente colmado de violencia, asaltos, hambre, dolor, falta de medicamentos y sin futuro.

Si los estudiantes en la Ciudad El Tigre en Anzoátegui plasman un mensaje en la plaza que llama a la paz, inmediatamente se cubre con pintura amarilla para callarlos. Los jóvenes volverán a escribir sus demandas en lugares públicos en búsqueda de mayor consciencia en la población, para luchar por sus derechos, para continuar la lucha por sus principios, ser coherentes e íntegros. Esta no es una lucha ideológica, ni política, menos económica. La crisis en Venezuela se refiere a la supervivencia de quienes son avasallados por el poder desmedido de la clase política que discrimina a los habitantes, profesionales, estudiantes, amas de casa, niños, adultos mayores y quien disienta con la propaganda. Los venezolanos claman por justicia, por independencia de los poderes de la República, por paz y por su derecho a la salud.

Es prácticamente imposible regresar en el año 2014 a demandas y exigencias salidas de la Guerra Fría. Cuando un país posee las riquezas minerales y la mayor reserva mundial de petróleo, nadie se imagina que en Venezuela no haya papel higiénico, aceite, leche, jabón, pañales desechables, pollo o carne. Durante las crisis económicas uno come verduras y lo poco que pueda encontrar. Salir diariamente a buscar alimentos sin encontrarlos podría ser desesperanzador para una madre. Sin embargo el espíritu inquebrantable de los venezolanos los impulsa a defenderse y manifestarse en las calles para exigir más, como los llamados Gochos lo han realizado en El Táchira. Sus barricadas son impresionantes, construyen de la nada murallas, quitan rejas de las alcantarillas, así como el gobierno les ha bloqueado el suministro de gasolina y no permite que lleguen los alimentos.

Quien ha vivido con impedimentos para comprar dólares, sin latas de melocotones o frutas durante su niñez debido a la guerra, conoce bien las consecuencias de la escasez y se promete a sí mismo nunca pasar de nuevo por estas circunstancias. Por esta razón duele tanto ver como se repite el círculo vicioso de la corrupción, el despojo de las estructuras institucionales, ver a la Defensora del Pueblo decir que la tortura o el uso de la fuerza se necesita para conseguir confesiones. Siempre la violencia es la ruta más fácil para perpetuarse en el poder. 

Se viola todos los derechos constitucionales de los ciudadanos, al buscarlos en sus casas sin órdenes de aprehensión debidamente elaboradas en el Poder Judicial, el cual es inoperante dado que se inventan los cargos con tal de golpear a los estudiantes para exigir pagos de $10,000 USD a las familias. Sí, diez mil dólares en efectivo, por esta razón arrestan a los hijos de quienes pueden pagar esta suma en efectivo, no aceptan bolívares. Esta práctica se ha extendido desde Caracas hasta Valencia día tras noche. No hay ley, no hay dirigentes ni líderes con principios democráticos. La Revolución Bolivariana se ha salido de control. ¿Quién es el hombre fuerte tras el presidente Nicolás Maduro? ¿Quién controla las fuerzas armadas? Los grandes intereses se mantienen, sacar la mayor cantidad de dinero del Estado a toda costa, inclusive si el precio lo pagan los estudiantes con sus vidas.

Esta indiferencia lleva hacia un desdén, la mirada del mundo se hastía ante las violaciones de los Derechos Humanos. No hay deseo genuino de ayudar a los venezolanos, pocos valientes han denunciado esta situación en foros internacionales. La ayuda no llega, no hay cargamentos de medicinas navegando con una ruta hacia los pacientes crónicos, no hay toneladas de alimentos que se acerquen a las fronteras venezolanas. Si el mundo entero ignora a Siria durante tres años,  ¿Cómo reaccionará en un mes si mueren 20 jóvenes y hay cientos de heridos?

Quienes han jurado defender a su país y sus leyes no han hecho más que atacar a los más débiles. La gente tiene miedo de su propio gobierno, de la policía y de la Fiscalía. La única forma de vivir es seguir adelante en contra de todas las posibilidades y exigir la liberación de los detenidos. Los venezolanos creen en un futuro donde puedan trabajar, comer, caminar, disfrutar de su bella patria para  ver a sus hijos crecer en paz y armonía.

Las imágenes de las trifulcas en Altamira y en las calles de Caracas, Barquisimeto, El Táchira, La Isabelica, El Tigre, Mérida, Valencia, San Cristóbal y tantas otras ciudades quedarán quemadas en las retinas y las consciencias de millones de personas cuyas convicciones no abandonan la democracia representativa.

No podemos voltear la mirada, evitar las noticias, ignorar el sufrimiento de miles de venezolanos. Su llamado de auxilio es válido y debemos escucharles, el S.O.S. de un país que se hunde por sus errores no debe arrastrar a los niños, no debe acabar con el futuro como ha pasado en Cuba. Hoy es el día para actuar, pedir al Gobierno de nuestro país que actúe, que brinde ayuda de inmediato a los venezolanos desprotegidos, vulnerables y necesitados, como los 90 adultos mayores que vivieron sin alimento en un centro en la región andina.

No se puede conseguir alimentos, se raciona la leche, los insumos básicos, alimentos y medicinas. Los médicos y enfermeros no tienen guantes ni gazas para atender a los heridos. La crisis afecta el funcionamiento de todos los servicios principalmente si el gobernador de la región es opositor del gobierno.

La otra cara de la moneda es cuando se regalan casas, motocicletas, armas, comida, educación, atención médica como un soborno a la población. Esos son quienes callan y defienden al socialismo. Quienes se aprovechan y humillan al resto de los vecinos, con privilegios que no promueven la equidad social, solamente alimentan el resentimiento social y exacerban el odio entre clases que desaparecen.

Petróleos de Venezuela ahora tiene miles de empleados más, pero no produce suficientes barriles de petróleo para sostener el sistema de subsidio. Sin inversión ni políticas que permiten a la empresa privada subsistir, se ha pasado el punto de no retorno. Los economistas han dado por perdida esta batalla. Depende de los estudiantes y la juventud luchar cada día por sus sueños, pensar en un mejor país. Ellos ya lo han perdido todo, nada tienen que perder y por ello arriesgan sus vidas para garantizar un cambio y lentamente se acercan a su meta. Los procesos de paz tardan años y no hay soluciones de la noche a la mañana ni recetas mágicas que acaben con la desolación que sienten.

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